Quisiera saber qué buscan tus ojos
cuando cuelgas en el infinito su melancolía,
y en solitario hacen ese paseo silente
que de cuando en cuando rocío devuelve
con sabor a lágrimas ahogadas en suspiros.
¡Qué no daría por transitar en tus silencios!
Iría desnudando de espinas lo que llamas
camino,
pateando las piedras que el pasado desprende
y pisando la hojarasca con que cubres recuerdos
para borrar la huella que va de tu ausencia.
Aunque cerrada, de tu boca a raudales brotan,
como en manantial de inagotable cadencia,
las palabras mudas que resignada callas,
empapando de su tristeza los minutos eternos
que cautos se escurren entre una sonrisa y
otra.
Y serena vuelves de tu laberinto interno
—viajera perpetua de
exhaustos momentos—
donde a veces también vivo en recuerdos,
trayendo en tu mirada cristalizadas cascadas;
y confiada, mientes que pensabas en nada…